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Conductas reactivas en perros

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¿Qué son las conductas reactivas?

Hablamos de conductas reactivas cuando el perro analiza muy poco la situación y se emociona de forma exagerada hacia uno o diferentes estímulos, ya sea ladrando, llorando, corriendo o abalanzándose hacia ellos de manera impulsiva.

¿Por qué aparecen?

Los motivos por los que estas conductas aparecen pueden ser varios y, es por ello, que cada caso debe analizarse detalladamente con la ayuda de un veterinario etólogo o un educador canino.

Debemos entender que la aparición puntual de conductas reactivas es normal. Igual que tú y yo, un perro puede reaccionar ante la aparición súbita de un estímulo que le provoca una emoción. Por ejemplo, un perro puede reaccionar al detectar un conejo y correr tras él o puede ladrar de forma reactiva al asustarse de una persona o de un perro que pasa cerca, etc.

Hablamos de un «problema de reactividad» cuando el perro presenta este tipo de conductas a diario o si detectamos que van aumentando con el paso de los días. Entender al perro y ayudarlo a tiempo, nos ahorra muchos esfuerzos a todos.

¿Qué pensamiento y qué emoción hay detrás del comportamiento?

Esta es la pregunta que deberíamos hacernos cuando observamos una conducta reactiva.

¿Por qué reacciona? ¿Qué le pasa? ¿Qué quiere? ¿Qué siente?

Supongamos que un perro reacciona a las bicicletas; podría ser porque quiere perseguirlas (ya que los perros son animales pastores y cazadores y les puede estresar o activar el movimiento rápido), también podría ser porque les tiene miedo o se siente invadido y trata de espantarlas (y lo consigue) o podría ser porque va atado y no consigue hacer lo que necesita y eso le genera mucha frustración.

Si no hacemos un trabajo previo de observación y comprensión, no podremos ayudar al perro.

De hecho, el problema suele incrementarse cuando tratamos de solucionar el problema sin comprender todo lo que le ocurre al perro, ya que la persona a cargo se enfoca en querer cambiar el comportamiento en vez de aprender a pensar y sentir la situación como el perro lo percibe y ayudarle a gestionarlo mejor.

Por ejemplo, imaginemos que un perro atado muestra conductas reactivas al detectar a otro perro, y descubrimos que los motivos son:
– Ganas de socializar (alegría)
– Falta de habilidades sociales por falta de experiencias y mal desarrollo en etapas juveniles (miedo)
– Baja tolerancia a la frustración en la correa (ira)

Si se ha dejado pasar el tiempo, se han podido desencadenar nuevos patrones:
– Agresión por frustración (descarga de la ira hacia el estímulo desencadenante y/o hacia nuevos estímulos).

Un problema de reactividad es una petición de ayuda por parte del perro

El perro necesita tu ayuda y tu comprensión.

Hagamos un ejercicio:

Y me dirás: «Ya Alba, ¿pero qué hago? No puedo dejar que mi perro se relacione o se defienda de todo perro que encuentre», por ejemplo.

Y yo te diré: «Exacto. Lo único que puedes hacer por el momento es evitar exponerlo a esas situaciones, manteniendo la máxima distancia para que no llegue a reaccionar o alejarlo del estímulo si ya ha reaccionado.»

Y me dirás: «Pero eso no soluciona el problema, el perro no cambia su comportamiento»

La ayuda debe darse a nivel mental y emocional

El comportamiento es una consecuencia de los pensamientos y las emociones. Si quieres ayudar a tu perro, tienes que ayudarle a pensar y sentir desde otra perspectiva y, para ello, el perro debe estar dispuesto a escucharte.

Si el perro está reaccionando (comportamiento), ya es tarde para hacerle pensar y sentir de otra forma. No te escuchará. No puedes hacer nada si está reaccionando, solo puedes alejarte, esperar que se tranquilice o que pase el estímulo en cuestión.

La ayuda debe ofrecerse y «trabajarse» FUERA DE SITUACIÓN con estímulos menos intensos que provoquen emociones menos intensas y mejorando la comunicación entre tu perro y tú.

Y así hasta tener suficiente práctica como para poder aumentar progresivamente la dificultad y poder afrontar la situación actual que me molesta y que estoy experimentando.

Por eso, la mayoría de veces no se «trabaja» inicialmente y directamente sobre el problema.

Querer ir rápido y sobre-exponerse a las situaciones sin estar preparados y con incoherencias en la comunicación, solo generará más frustración, ira y miedo tanto en la persona como en el perro.

Los tiempos los marcará cada perro y el progreso y aprendizaje de su persona. Si el perro reacciona es que todavía no estáis preparados y vais demasiado deprisa.

¿Cómo le ayudo entonces?

Como ya hemos visto, lo primero es saber por qué el perro reacciona, qué piensa y qué siente y, para ello, el primero que debe cambiar la forma de pensar y sentir (de percibir la situación como lo haces ahora) eres tú.

Lo que piensas del comportamiento de tu perro son tus propias interpretaciones, muchas veces alejadas de la verdad. Por eso tú necesitas la ayuda de un profesional.

Cuando ya sabes e integras lo que el perro piensa y siente en esas situaciones, se trata de provocar ligeramente y en la justa medida situaciones que generen emociones parecidas para ayudaros a procesar lo que ocurre y a dirigir o gestionar vuestras emociones hacia otros estímulos o de una forma más madura y equilibrada que aporte bienestar y tranquilidad a todos.

Por ejemplo, si el perro tiene dificultad en gestionar su alegría y se vuelve eufórico cuando ve a un perro, prepararemos ejercicios para ayudarlo fuera de situación a través del juego, de nuestros saludos o de cualquier situación que genere alegría e iremos aprendiendo a mantener un nivel adecuado y equilibrado.

Si el perro tiene miedo a los perros, diseñamos ejercicios para mejorar los miedos, por ejemplo con propiocepción o con la ayuda de perros pasotas y maduros a mucha distancia.

Si el perro presenta baja tolerancia a la frustración, preparamos ejercicios en casa y en el día a día para aumentar poco a poco esa tolerancia, por ejemplo, negándole algo que siempre está acostumbrado a conseguir, pero que no conseguirlo tampoco suponga un drama.

En la sociedad general tenemos baja tolerancia a la frustración; estamos mal acostumbrados a conseguir todo lo que queremos ya que, pagando, obtenemos algo de inmediato o, por otro lado, siempre tenemos éxito porque no nos exponemos al fracaso.

Esto es un problema, ya que, aquí la vida no funciona así; un lobo en la naturaleza, no siempre consigue cazar a la presa que estuvo acechando y persiguiendo durante horas. Y no pasa nada. Lo acepta.

Conclusiones

Como te habrás dado cuenta, las conductas reactivas o cualquier comportamiento que nos moleste de los perros tiene un trasfondo de pensamientos y emociones y hay que enfocarse ahí en vez de en los síntomas (conductas).

Si te ha gustado, te invito a llevar a cabo un ejercicio para humanos que he diseñado a lo largo de los años: Descodificación Conductual Canina.

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